miércoles, 2 de julio de 2014

Las historias

Para mí las historias, para ser catalogadas como tales, deben ser extrañas, tristes, oscuras, marginales.

Tal vez por que soy joven (en cuanto a literatura, porque años ya me sobran) y tonta no le encuentro sentido a los relatos con finales felices, siento que le falta, que no concluye, que no hay un cierre, porque la vida real no es así.

Hoy purgué uno de los más grandes dolores de mi infancia, la muerte de un niño de 8 años que no sólo era mi primo, sino que era el mejor amigo que tuve hasta entonces. El primer borrador del cuento salió con muchas lágrimas y pausas para sacarme los mocos; para leerlo dos días más tarde y darme cuenta que el cuento era una soberana basura.

Lo dejé reposar una semana más y lo retoqué, cambié el final, saqué personajes, incluí emociones y detalles. Siguió siendo basura.

Después de un par de semanas, hoy logré dar con un primer entregable, un cuento que revela lo que yo creo que él sintió antes de morir en un descabellado accidente. Ya no hubo lágrimas, sólo una fría y trágica historia contada desde la voz de un niño no muy brillante y que finalmente no sabe que está muerto.

Siento que hoy la purgué, no el día que la escribí llorando, por que hoy el capítulo de EB, después de más de 20 años, finalmente fue cerrado, hasta es posible que ya deje de soñar con él y recordarlo tan a menudo. En mi memoria, a partir de hoy, él ya descansa en paz.